De recuerdos y emociones. La Rambla. (Extracto)
Por Pascual Gómez
A la memoria de mi tía Isabel con agradecimiento.

"..........................El mejor sitio de todos lo tenia visto hacia mucho tiempo al ser llevado por mi madre y primos a la huerta de mi tío Francisco del Rio: "Bodi".
Lugar magnifico en donde abundaban las golosinas mejores que podíamos disfrutar los niños: Nueces, almendras, ciruelas verdes y rojas, girasoles enormes que a duras penas podía transportar y que me iniciaron en el arte de pelar pipas.
Había también membrillos, peras, manzanas y toda clase de hortalizas: Pepinos, zanahorias, rábanos, habas, etc.
Y el manjar mas exquisito de todos, si no por bueno si por curioso: el maíz.
Duras y apretadas panochas de flequillo lacio y rubio envueltas en traje ceñido que no dejaba ver lo que encerraban sin arduo trabajo para las manos infantiles.
Y ahí estaban. 
Filas amarillas de granos en perfecta colocación y simetría, como ejercito romano. Tan apretados que para poder sacarlos, los mayores habían de iniciarlo pues mis dedos no eran capaces de sacarlos de su habitáculo.
Si era recogido antes de que su melena estuviera amarilla era un manjar tierno y delicioso cuando era enterrado en la lumbre con camisa y todo y asado hasta quedar ligeramente dorado. Entonces era tierno y dulce; y era devorado fácilmente por dientes infantiles.
Pero si se dejaba en la planta hasta ser mas grande y volverse amarillo ajado y desvaído se convertían en granos duros como piedras y ya no podían ser comidos. 
Pero estos gramos duros como la piedra guardaban dentro un secreto que los niños no podíamos imaginar. Era como la metamorfosis de las mariposas; pero todo sucedía en un instante.
Mi tía Isabel preparaba una sartén amplia y untada de aceite que colocaba en la lumbre sobre unas trébedes. Suavemente dejaba caer un puñado de maíz dorado y repicante a la sartén y armada con una ancha tapadera nos decía:
-¿Queréis palomas.....?-
-Siiiiiiiii, gritábamos.-
En un instante, empezaba la agitación y la tapa era golpeada por puños furiosos que querían levantarla y escapar. La sartén era agitada a izda. y dcha., arriba y abajo tratando de sujetar la furia de lo que se agitaba dentro.
 Nosotros mirábamos embelesados todo lo que sucedía y expectantes esperábamos el milagro.
-¡¡¡¡¡Ya están las palomas ¡¡¡¡¡¡¡ decía mi tía-
Y el milagro se había producido de nuevo. Lo que antes eran duras y doradas semillas se habían convertido por arte de magia en algodonosas palomas blancas que se comían con facilidad.

Lo incomible resultaba delicioso.

¡¡¡ Cuantas cosas teníamos que aprender ¡¡¡¡........"